Confesión de fe

C

A continuación se transcribe la confesión de fe de la IBAO tal y como aparecen en su estatutos. Se divide en 12 capítulos y al final de cada uno de ellos hay un recuadro con los versículos de la Bíblia en los que están basados:

* Capítulo primero. – DE LAS ESCRITURAS.

* Capítulo segundo. – DEL DIOS VERDADERO.

* Capítulo tercero. – DEL SEÑOR JESUCRISTO.

* Capítulo cuarto. – DEL ESPÍRITU SANTO.

* Capítulo quinto. – DEL HOMBRE.

* Capítulo sexto. – DE LA SALVACIÓN.

* Capítulo séptimo. – DE LA IGLESIA.

* Capítulo octavo. – DEL BAUTISMO Y LA SANTA CENA.

* Capítulo noveno. – DEL ESTADO ETERNO.

* Capítulo décimo. – DE SATANÁS.

* Capítulo undécimo. – DE LA SEPARACIÓN PERSONAL.

* Capítulo duodécimo. – DE LA SEPARACIÓN ECLESIÁSTICA.

CAPÍTULO PRIMERO. – DE LAS ESCRITURAS.

Las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos en sus manuscritos originales fueron inspiradas por obra de Dios, tanto verbalmente como en cada detalle. Creemos en que Dios, que es la Verdad, se comunicó por medio de hombres controlados por el Espíritu Santo para que las Escrituras llegasen a nosotros sin error y autoritativas en su totalidad. La Biblia es la revelación suprema de la voluntad de Dios para los hombres y constituye la única guía infalible para la fe y la vida. La Biblia consta de sesenta y seis libros.

Los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento son:

Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.

Los veintisiete libros del Nuevo Testamento son:

San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan, Hechos Apóstoles, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, San Judas, Apocalipsis.

Mateo 5:18;15:4,5,5; Marcos 12:35; Juan 10:34,35; Hechos 1:15; Romanos 3:1-4; Gálatas 3:15; 2 Timoteo 3:15; Hebreos 4:12; 2 Pedro 1:19-21; Apocalipsis 22:18,19

CAPÍTULO SEGUNDO. – DEL DIOS VERDADERO.

Creemos en un Dios, Creador del cielo y la tierra, y que en la unidad del Dios Supremo hay tres personas: El Padre, El Hijo y el Espíritu Santo. Son iguales en poder y gloria ejerciendo oficios distintos y armoniosos en la gran obra de la redención.

Génesis 1:1; Exodo 20:2,3; Deuteronomio 4:35;5:4;32:39; Salmos 2:7-9; Isaías 45:14;45:9; Mateo 3:15,17; 28:19,20; Juan 1:1-3;5:35-40; Romanos 1:1-5; 1 Corintios 8:6; Efesios 1:3-10; 4:3-5

CAPÍTULO TERCERO. – DEL SEÑOR JESUCRISTO.

El Señor Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, en su encarnación fue concebido sobrenaturalmente por la obra y gracia del Espíritu Santo y nació de María, virgen. El es Dios Verdadero en toda su plenitud, siendo “Dios manifestado en la carne…” Vivió una vida de impecabilidad absoluta y su muerte hizo la propiciación plena por nuestros pecados. Murió, no como mártir, sino como sustituto voluntario en el lugar del hombre pecador. Resucitó de los muertos al tercer día y ascendió al cielo corporalmente. Volverá otra vez para rescatar a sus santos, y establecer el trono de David y su reino. El arrebatamiento que viene es inminente y será personal, pretribulacional y premilenial.

Isaías 7:14; Mateo 1:19-25; Juan 1:1;14:3; Hechos 15:15; 1 Tesalonicenses 4:15; 2 Tesalonicenses 2:5-9; 1 Pedro 2:22;3:18

CAPÍTULO CUARTO.- DEL ESPÍRITU SANTO.

El Espíritu Santo es una Persona divina que posee todos los atributos de personalidad y deidad. Es igual al Padre y al Hijo y es de la misma naturaleza. Su relación con el mundo incrédulo es la de convencer de pecado, justicia y juicio. Es el agente del nuevo nacimiento, y su obra entre los creyentes es la de sellarles, morar en ellos, llenarles, guiarles y enseñarles los caminos de justicia. Creemos en que hay una distinción entre la obra del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y su ministerio en el Nuevo Testamento. Hay una nueva y única obra del Espíritu con relación al Cuerpo de Cristo. El Espirito Santo dota al nuevo convertido de dones para el servicio de Cristo. Los dones (señales de profecía, hablar en lenguas, interpretación de lenguas, milagros y sanidades) que el Espíritu Santo dio a la iglesia primitiva tenían un propósito especial y que finalizado éste y una vez completada la revelación con la redacción del Nuevo Testamento ya no operan entre los creyentes. No aceptamos, pues, las enseñanzas de la doctrina pentecostal ni del movimiento carismático.

Juan 7:39;14:15,17,25; Hechos 1:5; Romanos 12:3-8; 1 Corintios 12:8-13,28-31;13:8-12; Efesios 1:13,14; 4:7-11; Hebreos 9:14; Apocalipsis 22:18,19

CAPÍTULO QUINTO. DEL HOMBRE.

Las Escrituras enseñan que el hombre fue creado por acción directa de Dios y no de ninguna forma de vida preexistente. Por transgresión voluntaria, el hombre cayó de su estado de inocencia, con la consecuencia de que ahora todos los hombres son pecadores por naturaleza y preferencia y están completamente destituidos de la santidad requerida por la ley, orientados al mal, y bajo la justa condenación del castigo eterno y la existencia eterna aparte de Dios sin defensa ni excusa.

Génesis 1:27; Isaías 53:6; Romanos 3:23;5:12-19

CAPÍTULO SEXTO. – DE LA SALVACIÓN.

Las Escrituras enseñan que la salvación de los pecadores se inicia divinamente, solamente por gracia, y se lleva a cabo por la obra mediadora del Hijo de Dios, totalmente aparte de las buenas obras, sólamente por fe en la obra del Señor Jesucristo y nunca sin el arrepentimiento genuino. Para ser salvo, el pecador tiene que nacer de nuevo, siendo regenerado por el poder del Espíritu Santo por fe en la Palabra de Dios, recibiendo una nueva naturaleza. La gran bendición del evangelio que Cristo asegura a los que creen en El es la justificación, -acto judicial de Dios acompañado por el perdón del pecado y la imputación de la justicia divina-, no por ninguna obra de justicia por nuestra parte, sino solamente por fe en la sangre del Redentor. El hombre que pone su fe personal en el Señor Jesucristo es justificado completamente y puede estar seguro de su eterna salvación.

Juan 3:3-6;3:16;10:28,29; Hechos 13:39; Romanas 2:4; 2 Corintios 7:9,16; Efesios 2:9-10; 1 Timoteo 2:5,6; Hebreos 4:2; 1 Pedro 1:18-23; 2 Pedro 1:4

CAPÍTULO SEPTIMO. – DE LA IGLESIA.

Las Escrituras enseñan que la Iglesia del Señor Jesucristo, distinta a Israel en el Antiguo Testamento, fue inaugurada el día de Pentecostés y se debe considerar en dos aspectos: la iglesia local y la iglesia invisible. La iglesia local es una congregación de creyentes bautizados -asociados por un pacto en la fe y comunión del evangelio- que observa las ordenanzas de Cristo, es gobernada por sus leyes, y ejerce sus dones, derechos y privilegios constituidos en ella por la Palabra de Dios. Sus oficiales bíblicos son los pastores, llamados también obispos y ancianos, y los diáconos, cuyas cualificaciones y deberes se definen en las epístolas de Timoteo y Tito. El oficio del Pastorado se limita claramente a los varones. Dios específicamente asignó la cabeza y autoridad de la iglesia local a los varones. Creemos en que una iglesia bíblica se caracteriza por las siguientes verdades bíblicas:

1. Las Escrituras son su única autoridad de fe y práctica;

2. El propósito de la iglesia es rendirle culto a Dios y glorificarle en todo;

3. Se reúne para la edificación mutua en la común fe;

4. Proclama públicamente el evangelio de la gracia salvadora y reconciliadora;

5. La iglesia local es una entidad autónoma en su gobierno;

6. El bautismo por inmersión es requisito para todo creyente antes de ser miembro;

7. Son dos los oficiales de la iglesia local: pastor (obispo, anciano) y diácono;

8. Son dos las ordenanzas simbólicas: el bautismo y la Santa Cena;

9. Cada creyente es sacerdote individual ante su Dios y goza de libertad de conciencia;

10. La iglesia y el estado son distintas administraciones instituidas por Dios habiendo separación de competencias entre ambas.

La iglesia Cristo, sean presentes en la invisible es la comunidad universal de todos los que creen en judíos o gentiles, prescindiendo de denominación o grupo; tierra o en el cielo.

Mateo 28:19,20; Hechos 1:5; 2:1-4; 2:41,42; 10:44,45; 11:15,16; 1 Corintios 12:13; Efesios 2:11-14:3; 1 Timoteo 1:22,23; Tito 1; Hebreos 12:23

CAPÍTULO OCTAVO. – DEL BAUTISMO Y LA SANTA CENA.

Las Escrituras enseñan que el bautismo cristiano es por la inmersión del creyente en agua, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para demostrar en un símbolo solemne y precioso su identificación con la muerte y resurrección de Jesucristo, representando así la muerte al pecado del creyente y su resurrección a una vida nueva. Es el requisito para ser miembro de la iglesia local y disfrutar de los privilegios de la misma. La Santa Cena es la conmemoración de su muerte hasta que El venga y que debe ser precedida por un solemne examen personal. Negamos tanto la transubstanciación como la consubstanciación. La participación en la Santa Cena es solamente para los creyentes. Las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena deben ser observadas bajo la autoridad de la iglesia local.

Hechos 8:35-39; Romanos 5:3-5; 1 Corintios 11:23-28

CAPÍTULO NOVENO. – DEL ESTADO ETERNO.

Las Escrituras enseñan una resurrección corporal de los justos e injustos. Todos los que han sido justificados en el nombre de Jesucristo pasarán la eternidad en pleno gozo en la presencia de Dios, y los que por su incredulidad rehusen aceptar la oferta de la misericordia de Dios sufrirán el castigo eterno.

Salmos 16:11; Mateo 25:46; Juan 5:28,29; 14:2; Apocalipsis 20:14,15; 21:4

CAPÍTULO DÉCIMO. – DE SATANÁS.

Las Escrituras enseñan que hay un ser personal que es el “dios de este siglo” y el “príncipe de la potestad del aire,” que está lleno de toda sutileza, que busca continuamente frustrar los propósitos de Dios y atrapar a los hijos de los hombres, y que fue derrotado por Cristo en la cruz y condenado al castigo eterno.

2 Corintios 4:4; 11:13-15; Efesios 2:2; Hebreos 2:14; Apocalipsis 12:9

CAPÍTULO UNDÉCIMO.- DE LA SEPARACIÓN PERSONAL.

Las Escrituras enseñan que cada creyente debe, espiritualmente, apartarse del mundo para Dios, y con la ayuda del Espíritu Santo, debe andar en amor cristiano, “gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” y santidad, exhibiendo cualidades de honradez, integridad, perdón, bondad, sincera humildad y andar en celo por el avance de la causa de Cristo. También creemos en que Las Escrituras amonestan a cada creyente a no amar al mundo ni las cosas del mundo, sino a huir de los deseos malignos, evitar toda clase de mal, y abstenerse de prácticas dudosas que destruyan el testimonio, ofendan al hermano, y dejen de glorificar a Dios.

Proverbios 15:33; Romanos 14:19-21; 1 Corintios 6:18-20; 8:9-13; 10:23,33; 2 Corintios 7:1; 1 Pedro 5:5,6; Gálatas 5:22-25; Efesios 4:32;5:1,2;5:7-16;5:15-20; Filipenses 4:8; 1 Tesalonicenses 4:7

CAPÍTULO DUODÉCIMO. – DE LA SEPARACIÓN ECLESIÁSTICA.

Las Escrituras enseñan que los creyentes deben apartarse de cualquier grupo u organización eclesiástica que niegue alguna de las doctrinas básicas de la Biblia tales como:

1. La fiabilidad e infalibilidad de la Santa Biblia;

2. El nacimiento virginal de Cristo;

3. La Divina Trinidad;

4. La humanidad o divinidad de Cristo;

5. La resurrección corporal de Cristo;

6. La salvación por la muerte expiatoria de Cristo;

7. La aplicación de la salvación al creyente por la obra divina y soberana de Dios;

8. La salvación eterna por fe mediante la obra de Cristo;

9. La condición pecadora y perdida del hombre;

10. La condenación eterna por el pecado.

Esta doctrina está basada en el principio eterno de Dios de dividir la verdad del error y su mandamiento específico de separarse de los incrédulos y hermanos desobedientes. Esta verdad debe practicarse con una actitud de devoción a Dios, humildad, compasión, pero también con convicción, para crear la condición y ambiente apropiados para el objetivo principal: la salvación de los perdidos a través del evangelio de Dios.

Mateo 10:34-39; Romanos 16:17; 1 Corintios 5:7-13; 2 Corintios 6:14; 11:4; Gálatas 1:8, 9; 5:22-23; 1 Timoteo 6:3-6; 2 Timoteo 2:16-18; Tito 3:10; 2 Juan 9-11